“You can´t always get what you want. But if you try sometimes well you might find…You get what you need!”


Pensamiento_Critico_1

Como se ha mencionado en otros artículos de este blog, los seres humanos solemos sostener muchas creencias. Queremos creer y hasta nos gusta hacerlo. El problema viene cuando tenemos que dar cuenta de dichas creencias y empezamos a revisarlas poco a poco…y nos encontramos con que no siempre podemos seguir sosteniendo aquello que queremos; pero la búsqueda nos deja algo mucho mejor, y es encontrar lo que necesitamos: buena información.

Cuando me empecé a interesar por leer divulgación científica y textos de personas que desmentían pseudociencias, fenómenos paranormales, conspiraciones, etc., siempre me surgía una duda que seguramente usted, amable lector, también tiene o ha tenido: ¿Cuál es la buena información? Esta tarea es menos complicada de lo que en principio parece, y para demostrarlo quiero proponer unos cuantos tips que cualquier persona puede tener en cuenta a la hora de buscar y confrontar información.

 

1.       No es cuestión de inteligencia o de conocimientos, sino del uso que les damos.

Lo primero y más básico es que para buscar información hay que tener la actitud y la intención de hacerlo, y esta actitud no es una cuestión de poseer una inteligencia superior. Esta labor no es exclusiva de genios o de personas superdotadas, así que si tiene la más mínima duda sobre una creencia propia, sobre algo que les contaron, sobre algo que vieron en televisión, ¡Adelante! Inicien una investigación por cuenta propia y busquen información. Si la duda es sobre un tema que desconocen infórmense, empápense del tema lo más que puedan. Muchas personas por sus ocupaciones no pueden dedicarle mucho tiempo a una investigación exhaustiva, pero con unos cuantos minutos en internet se puede encontrar mucha información para comparar. Tómense su tiempo y analicen varios puntos de vista sobre el tema; no se queden solo con los que hablan bien o los que hablan mal de la creencia que están sometiendo a prueba, y tampoco se limiten a investigar en base a sus gustos: si la creencia los atrae no se quede solo con la información que la apoya, y si la creencia les parece desechable no se queden solo con la información que la ataca. Siempre traten de ver el panorama lo más completo posible.

2.       Si es demasiado bueno para ser verdad…

Si usted, amable lector, va a comprar un automóvil usado, el vendedor no le va a decir que está vendiendo el auto porque es un pedazo de chatarra que al menor movimiento se va a caer a pedazos, sino que muy seguramente le hablará solo de las bondades de un auto clásico, y adornará toda su historia con eufemismos y omisiones. Lo mismo pasa con las muchas teorías que se pueden encontrar por ahí. Un homeópata no le hablará de los experimentos que muestran que sus preparados solo constan de agua, leche en polvo y azúcar. Tampoco le explicará detalladamente en qué consiste el efecto placebo. Mucho menos le presentará médicos que consideren a la homeopatía como una gran mentira. Seguramente solo le hablará de lo bien que se sentirá al tomar sus preparados homeopáticos, de lo relajante que es una consulta de una hora en comparación con los 15 minutos que le dará un médico en un hospital, o de lo inocuos y naturales que son sus productos comparados con los montones de químicos de las malvadas industrias farmacéuticas.  Es por esto que buscar la mayor cantidad de información es sumamente importante. Debemos saber que parte de la historia nos están contando y compararla con aquella que no nos han dicho. Hay que tener la mente abierta para enfrentar objetivamente los distintos puntos de vista, pero a la vez hay que mantener siempre activado el sano escepticismo, para no quedarnos por el camino con lo que nos sonó bonito y nos gustó, para así poder llegar al final del camino y tomar una decisión bien informada.

3.       Percepción sensorial, experiencias y memoria.

Ya vimos que es importante ver la mayor cantidad posible de lados de la historia, pero ahora necesitamos criterios para empezar a seleccionar la información.

Muchas veces nos encontramos con relatos hechos por personas  que generalmente avalan o certifican alguna creencia. Historias de abducciones extraterrestres, de fantasmas, de encuentros con monstruos como pie grande, de recuperaciones milagrosas gracias a la homeopatía, la medicina natural, la acupuntura…todo esto pulula por internet y por el boca a boca de amigos y familiares. Sin embargo, la validez argumental de todas estas experiencias es prácticamente nula. No estoy diciendo que la abuela miente cuando dice que vio al fantasma del abuelo hace 10 años; lo que estoy diciendo es que su testimonio puede estar viciado por fallos que están presentes en todos nosotros. Nuestra percepción y nuestra memoria están muy lejos de ser perfectas, y pueden ser afectadas o mal interpretadas. Pareidolías, apofenías, ceguera por falta de atención, confabulaciones producto de la imaginación, sugestión, prejuicios, pensamiento mágico y auto-decepción. Lo anterior es solo una pequeña muestra de la cantidad de factores que pueden influir en la mala interpretación de un evento, y que hace que dichos eventos pasen de ser cosas comunes y corrientes a ser eventos sobrenaturales o paranormales. Obviamente no hay que descartar el engaño, una de las principales fuentes de historias fantásticas creadas por personas que van tras sus 15 minutos de fama, o tras el dinero que le puede representar el adjudicarse poderes sobrenaturales.

Por tanto, si la información que encontraron se basa en experiencias personales o en relatos sin ningún sustento más allá de la palabra de quien lo está contando, duden…duden con todas las fuerzas de sus cerebros, y tengan siempre presente la siguiente cita de James Alcock: “El verdadero pensador crítico acepta lo que pocas personas aceptan: que uno no puede confiar ciegamente en la percepción y la memoria”.

4.       La ciencia es nuestra aliada y amiga.

En contraposición a las experiencias personales y los fallos de percepción y memoria tenemos a la ciencia. Pueden preguntarse, ¿Por qué confiar en la ciencia si esta se basa en experiencia y percepción, y ya vimos que pueden fallar? Es cierto, pueden fallar, pero la ciencia dentro de su método científico tiene herramientas para evitar estos fallos. Además, la metodología del peer review (revisión por pares) ayuda a evitar que los fallos propios del investigador (como ser humano que es) alteren los resultados obtenidos.

Cabe resaltar que cuando hablo de ciencia no quiero decir que haya que ser científico para evaluar la información que recibimos o encontramos, ya que la idea es que todos nosotros podamos hacer el ejercicio aun cuando no tengamos un título en alguna ciencia pura. Sin embargo, la idea sí es lograr obtener un pensamiento científico; es decir, que hagamos una evaluación científica de la información. Desechar la evidencia testimonial y los relatos de experiencias personales es un primer paso en la consecución de ese pensamiento científico. ¿Por qué? Porque una de las cosas que nos exige la ciencia es evidencia, y buena evidencia; y ya que vimos que estos relatos y experiencias no tienen validez como evidencia, desecharlos es acercarnos un poco más a la manera de actuar de la ciencia como tal.
Ahora, cabe anotar que también existen personas inescrupulosas que se hacen llamar “científicos” pero cuyos métodos no son realmente científicos. ¿Cómo podemos distinguir estos personajes de los verdaderos científicos? Podemos apelar al peer review en primera instancia. Si lo que el científico sostiene no ha podido ser reproducido de manera independiente es probable que no quepa dentro de la categoría de información científica, y por tanto es poco confiable. ¿Qué significa lo anterior? Que un experimento debe ser susceptible de ser repetido muchas veces por personas ajenas al investigador que realizó el estudio que se está sometiendo a prueba. Si el mismo resultado es obtenido por muchas personas, y en condiciones experimentales correctas, podemos decir que el resultado es más confiable que si hubiera sido obtenido solo por un investigador. Para más información acerca de cómo distinguir lo que es y lo que no es científico, recomiendo el libro “Mala Ciencia” de Ben Goldacre.

5.       No le teman a la ignorancia.

Para cerrar, otro de los consejos más básicos que puede haber: no le teman a reconocerse como ignorantes. El peor error que podemos cometer es asumir que nos las sabemos todas, y que lo que sabemos es una verdad eterna e inmutable. Esto nos impide adentrarnos en el maravilloso mundo de la investigación, y levanta un muro infranqueable entre nosotros y la información. Si yo asumo que lo que sé es cierto y que no hay nada más allá de mis conocimientos estoy cayendo en el peligroso terreno de los dogmas. Todos somos ignorantes, y eso es lo más bello que nos puede pasar, porque significa que tenemos toda una vida para investigar, descubrir y conocer; entonces ¿Por qué negarnos esa posibilidad por arrogancia y orgullo? Aceptemos nuestra ignorancia y no le tengamos miedo, y recordemos las palabras de Robert Todd Carroll: “Ignorancia no es lo mismo que estupidez, la cual tiene que ver con la falta o la incapacidad de usar la inteligencia. La ignorancia tiene que ver con la falta de conocimientos o información.”

Esto es solo un abrebocas al maravilloso mundo del pensamiento crítico y el sano escepticismo; pero como con casi todo en esta vida, el aprendizaje mejora con la práctica, así que los invito a poner en práctica estos tips, a que descubran otros en el camino y los compartan con sus familiares y amigos, y a que duden e investiguen. Sé que no se van a arrepentir, y como en esa genial canción de los Stones que usé de título para esta entrada, cuando recolectamos información para sostener nuestras creencias no siempre vamos a obtener lo que queremos, pero si nos esforzamos podemos encontrar lo que necesitamos: buena información.

(Para la redacción de este artículo me basé en el primer capítulo del libro “Becoming a critical thinker: A Guide for the New Millennium” de Robert Todd Carroll.)

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