Magufos Anónimos: Iván Mojica


Mi nombre es Iván, y fui magufo.

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Como la mayoría de los colombianos nací en una familia católica y me crie como tal. Estudié en un colegio manejado por la comunidad agustina, y a raíz de esto tengo el bautismo, la primera comunión y la confirmación. Durante mi infancia y parte de la adolescencia me consideré como católico y creía en todo lo que me decían acerca de dicha religión. Mi familia no es muy devota así que poco me llevaban a misa, pero en el colegio teníamos una cada mes.

No recuerdo bien cuándo ni cómo empezó la desilusión con el catolicismo, pero una parte importante fue el mismo colegio. El manejo que se le daba era represivo en algunos aspectos, y el sacerdote que hacía las veces de rector no era una persona de mi predilección. La rebeldía de la juventud y la influencia de un amigo que se burlaba de los sacramentos hicieron el resto, y poco a poco me fui alejando del catolicismo pero no de la creencia en un dios.

Por este motivo, finalizando mis estudios en el colegio y empezando los universitarios empecé a coquetear con el rastafarismo. Así fue como me aprendí la historia de Haile Selassie con la música de Bob Marley como banda sonora. Todo el rollo hippie del amor y la paz me resultaba bastante atractivo pero nunca me acabó de convencer y pasó fugazmente durante los primeros semestres de universidad.

Luego de un nuevo revolcón de ideas fui a dar en el satanismo. La temática oscura e individualista me sedujo lo suficiente como para ahorrar y comprarme la biblia de LaVey. Al leerla la decepción fue mayúscula cuando me encontré con tanta magia y ritos, propios más de una pantomima elaborada que de esa especie de ideología que estaba buscando. Finalmente tampoco me funcionó y acabé abrazando el ateísmo.

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Mi copia de la biblia satánica. Si acaso lo único rescatable es el libro de Lucifer.

Dejando de lado las magufadas de corte religioso/espiritual, a lo largo de mi vida también tuve contacto con el resto de magufadas comunes con las que cualquier persona se puede encontrar. Mi primer recuerdo de esos contactos es una colección de fascículos que sacó el periódico El Tiempo. No recuerdo bien el nombre de la colección pero era algo como “grandes misterios del mundo”, y ya se imaginaran de qué venía el cuento: diluvios universales, profecías, monstruos para todos los gustos, fenómeno OVNI, etc.

También recuerdo mucho de mi infancia ser un asiduo lector de horóscopos. Lo curioso del asunto es que los leía con entusiasmo a pesar de que más de la mitad de las cosas que decían no se aplicaban a mi debido a mi corta edad. “Vas a recibir una propuesta de trabajo” o “el amor que tanto esperas está más cerca de lo que crees” no eran cosas que aplicaran a un niño de 7 u 8 años, pero igual me seguía pareciendo fascinante el conocer mi futuro por medio de un párrafo de unas pocas líneas.

Hasta bien entrado en la adolescencia creí en fantasmas, espíritus, posesiones demoniacas, brujas…la verdad creía en cuanta cosa veía por ahí, aunque nunca llegué a defenderlas fervientemente ni a obsesionarme con ellas. Si veía una noticia rara la leía, pero no pasaba mis días buscando cosas sobre esos temas. Creo que mi problema era más un caso de suspensión del juicio a la hora de ver ciertas cosas, y no tanto un apasionamiento por las mismas. De una u otra manera, seguía creyendo en magufadas varias aunque no fueran un eje central en mi vida.

Ya durante la universidad conocí a la amiga de un amigo que leía las cartas, y la sesión de lecturas cada que nos veíamos se convirtió en plan grupal. Nos reuníamos varios y ella nos leía a todos la suerte, y todos nos sorprendíamos cada que ella le “atinaba” a alguna cosa. Intrigado por el tema pasé a consultar cartas astrales por internet y también conocí el I Ching, y ni corto ni perezoso me compré las moneditas y me dediqué a hacerme autopredicciones.

Para finalizar esta travesía magufa, debo mencionar las de tipo político. Como algunos sabrán, la Universidad Nacional de Colombia, en donde estudié, se caracteriza por la presencia de personajes con posiciones políticas radicales; y como buen primíparo caí seducido por dicho ímpetu revolucionario, y creía que el Che Guevara era la mejor persona que había pisado el planeta. Afortunadamente eso no duró mucho y no caí en las redes de la estupidez.

Como pueden ver pasé por muchas ideas magufas. Algunas las abracé con más fuerza que otras, pero todas eran igual de ridículas. Creo que uno de los factores que más ayudó a que mis magufadas no se perpetuaran fue mi poca afinidad con la interacción grupal. Si me hubiera puesto en la tarea de buscar gente que compartiera esos gustos, seguramente habrían durado mucho más, y quizás no estaría aquí contándoles esta historia. Unido a esto, tener amigos que no contaminaron mi proceso y conseguir otros tantos que ayudaron, y ayudan actualmente, a abrir el panorama y a confrontar ideas también permitió que el escepticismo se asentara. Claramente no hay que ser antisocial para no caer en las garras de las magufadas, pero tener un círculo social que las confronte (ya sea diciéndote a la cara que son idioteces, o siendo un poco más sutil) y que te permita pensar por ti mismo sí es muy beneficioso.

Por supuesto, mi vida no estuvo únicamente rodeada de cosas magufas. Uno de los aliados en el descubrimiento de la ciencia que más recuerdos me trae es el famoso (al menos en Colombia) álbum de las chocolatinas Jet. Recuerdo pasar noches enteras con mi papá organizando y pegando “monas” mientras leía las pequeñas descripciones que ofrecían las páginas. Otra gran ayuda, de esas que viene uno a notar cuando se da cuenta de lo que es el escepticismo y el pensamiento crítico, fue un libro de la infancia sobre un ratón que le temía a las sombras que se formaban en su habitación en las noches, pero que al otro día eran explicadas por su madre como fenómenos completamente normales. Siendo niño no me era posible extraer una conclusión escéptica de dicho libro, pero en retrospectiva me pude dar cuenta que la idea ya se me había presentado mucho antes, y solo debía aplicarla a todos los aspectos de mi vida.

Mi primer acercamiento a la astronomía. Aunque tiene varios temas más, ese era el que más me gustaba.

Mi primer acercamiento a la astronomía. Aunque tiene varios temas más, ese era el que más me gustaba.

También es clave ser consciente de que este no es un proceso que se dé de un día para otro; al contrario, confrontar y desechar ideas erróneas es un proceso largo y difícil, que muchas veces no culmina exitosamente porque nos aferramos tanto a dichas ideas que no las dejamos ir por más evidente que sea nuestro error. Hay que estar dispuesto a llevarse uno que otro disgusto, pero sobretodo hay que estar dispuesto a que se metan con cosas que podemos considerar intocables.

Como reflexión final quisiera aportarle a todo aquel que lea este artículo una recomendación: eviten racionalizar. Cuando leía horóscopos en mi infancia siempre me decía que aquellas cosas que eran imposibles de aplicarse simplemente podían ser obviadas, pero que todo lo demás debía ser verdad. Cuando defendía personajes o ideologías fuertemente cuestionadas siempre omitía aquellos detalles escabrosos para mantener el barco a flote. Esos procesos defectuosos son supremamente dañinos porque eventualmente nos pueden llevar a mantener ideas o creencias que no tienen ninguna base.

Una buena táctica para evitar estos problemas es cuestionarnos constantemente a nosotros mismos. Traten de explicarse a sí mismos sus propias creencias, con calma y con la argumentación más sólida que les sea posible. Así no solo podrán desechar ideas inútiles, sino también podrán saber qué tan bien fundamentadas están sus ideas; porque muchas veces tendemos a aceptar algo sin poner la más mínima atención, y después nos vemos a nosotros mismos defendiendo algo que no tenemos ni la más remota idea de cómo llego a nosotros ni por qué lo estamos defendiendo. Un buen ejemplo que les puede ayudar a hacerse una idea de esto es la ceguera a la elección.

Espero que mi historia les sea de ayuda. Sí se puede dejar de ser magufo.

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3 pensamientos en “Magufos Anónimos: Iván Mojica

  1. Manuel F.

    Importante aplicar la pedagogía antes que la hostilidad, pues conozco varias personas experimentando la misma confusión las cuales en vez de recibir guía u orientación acaban siendo presas del bullying escéptico, causando que las filas de creyentes se engrosen ya que suelen ser más tolerantes y gratos que los primeros.

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